Viernes: siesta en Central Park
Hola a todos! Gracias por leerme y estar pendientes de lo que ha sido de este viaje. Como ya les conté en la entrada del jueves, el fin de semana estuve en Nueva York para pasar el 4 de julio, aprovechando que teníamos el viernes libre.
Desde la noche del jueves estuvimos preparando nuestras maletas para salir en grupo. La idea era llegar a Nueva York en la mañana luego de que el bus saliera a eso de la 1:15 de la mañana. Fue un viaje más bien incómodo, ya que hacía mucho frío y el bus prendía sus luces a cada momento del trayecto. Así pues, se imaginarán que llegué a Nueva York, una ciudad muy imponente e impactante para una persona con sueño, con algo así como una hora de sueño encima.
Para contextualizarlos un poco en agosto de 2001, con unos ocho años y medio encima, viajé con mi papá a Bogotá tres días de paseo. Fueron tres de los días que recuerdo con mayor felicidad y aunque muchas cosas hoy día se me hacen difíciles de recordar, la sensación de que fue un buen viaje siempre me acompaña. Al llegar a la terminal de buses, fría e inhóspita, llena de gente distinta y extraña, Nueva York me evocó la primera sensación que tuve cuando llegué a Bogotá.
Como llevábamos algunas maletas pesadas, decidimos ir a Brooklyn, donde nos estábamos quedando, a dejar nuestras maletas. Compré una tarjeta de metro con viajes ilimitados por 7 días a 31 dólares. Creo que valió la pena porque cada trayecto cuesta unos $2.50 y estoy seguro de haber hecho más de 4 viajes por día. El apartamento donde nos estábamos quedando se anunciaba como cercano a una estación del metro, pero no sabíamos cuál estación era. Luego de averiguar el nombre de la estación tomamos la línea L y nos fuimos hasta la estación señalada. Adivinen qué! Había otra estación con el mismo nombre en la línea J y nosotros llegamos a la estación equivocada. Así las cosas, tuvimos que caminar alrededor de 20 minutos por una calle muy extraña hasta llegar a nuestro destino. Del apartamento diré que me pareció suficientemente cómodo, aunque creo que estaba muy lleno de polvo porque la alergia se me alborotó rápidamente y me la pasé todo el día con los ojos rojos y muchas ganas de estornudar.
Nos devolvimos, ya con los morrales ligeros, a Port Authority, la terminal de buses a la que llegamos. Y a caminar se dijo! Según pudimos contar, nuestros recorridos todo este día fueron de alrededor de 25 kilómetros caminando. En la estación nos encontramos de nuevo a Daniel y a Germán, que se estaban quedando en Manhattan. Germán conoce bien la ciudad dado que sus abuelos vivieron mucho tiempo en ella, y él pasó muchas de sus vacaciones ahí. Así pues, Germán fue el guía designado del paseo, y qué buen guía que fue.
| Muchas gracias a Germán! Un excelente guía! |
La primera parte de la mañana pasamos por Madison Square Garden, por el Empire State, por el edificio Chrysler, y conocimos por dentro la Grand Central Station, el punto de convergencia del metro en la ciudad. Grand Central Station es famosa por la forma que tiene su techo y las lámparas que lo iluminan. Tiene también mucho comercio y es una zona muy concurrida por locales y turistas a la vez.
Luego de ir por un merecido almuerzo fuimos a Times Square, famoso por sus letreros gigantes, sus avisos y su publicidad excesiva. Tiene además la pantalla más grande del mundo, y siempre es un sitio atestado de gente, sobre todo aquellos que quieren comprar sus boletas para una obra en alguno de los teatros de Broadway.
Después de salir de Times Square fuimos al Central Park, sin duda el parque urbano más bonito que haya conocido. La gente toma el sol, monta en bicicleta, sale a trotar o simplemente se sienta a ser feliz debajo de un árbol. Esto fue lo que hicimos nosotros, que con tan poco sueño encima caímos inmediatamente y dormimos por alrededor de dos horas.
Luego de incorporarnos, tarea nada fácil, fuimos caminando por la Quinta Avenida para conocer otros sitios más. Después fuimos hasta Hell's Kitchen, un barrio en el que encontramos algunos bares y decidimos entrar a tomar algo. Creo que teníamos más hambre que ganas de tomar porque los nachos que pedimos para acompañar el trago se fueron muy rápido.
Luego de salir del bar fuimos al MoMA, que los viernes después de las 4 de la tarde es de entrada libre para todo el público. Aunque sólo pude estar una hora en el museo hice la tarea de tomarme la selfie con sus cuadros más representativos, entre los que se encuentra la noche estrellada, de Van Gogh.
Ya en la noche pasamos por el Rockefeller center y bajamos de nuevo hasta Times Square. En él nos encontramos, luego de esperarlo un rato, a Juan Manuel, un amigo de Daniel y de Luisa que venía desde Atlanta a pasar el fin de semana de paseo. Luego de comer algo y de conversar, se nos dio la medianoche y decidimos volver al apartamento, en el que por la falta de sueño dormí plácidamente.
Espero poderles contar mis aventuras del sábado y el domingo con mucho detalle pronto. Por ahora me iré a dormir. Prometo contarles un poquito de mi lunes también, aunque tal vez lo mejor será hacer una entrada conjunta entre lunes y martes.
Gracias por leer! Es para mí un lujo poder escribir sobre este viaje. Hace seis meses, luego de terminar mi pregrado en física, muchas de las cosas que estaba haciendo se llenaron de dudas y no sabía qué camino tomar. Este viaje me ha hecho replantear muchas cosas y me ha ayudado a dar una mirada a lo que podría ser la vida como investigador.
Un abrazo!
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Zarate
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