Sábado: las cataratas del Niágara

Hola a todos! Muchas gracias por estar pendientes de leer el blog, y por seguir esta aventura que ya se encuentra en su séptima semana. Dentro de unos pocos días tendré que volver a empacarlo todo para estar de nuevo en Bogotá. Si bien me siento nostálgico por todo aquello que he conocido aquí y que no quisiera tener que dejar atrás, también soy consciente de lo mucho que disfruto dentro de la universidad, que para mí ha sido una plataforma de crecimiento personal y profesional.



Quisiera contarles hoy un poco acerca de lo que fue el último de los tres paseos que realicé durante mi estadía en Ithaca. Este viaje fue un poco más corto, tanto en tiempo de viaje como en tiempo de estadía. Fue también el viaje más planeado, en el sentido de que fue el primer viaje que pagué y el último que disfruté. Desde hace unas tres semanas sabía ya que en la mañana debía tomar un bus desde Ithaca hasta Niagara Falls, que me llevaría todo el día y que volvería en la tarde. Así pues, el sábado me levanté y después de tener todas mis cosas arregladas, me dispuse a tomar el bus.




Fue la primera vez en estos dos meses que me pude quedar dormido en un bus. Hasta ahora todos han sido un poco incómodos y por lo tanto me ha resultado difícil conciliar el sueño. Después de una corta parada y unas tres horas de viaje llegamos a Niagara Falls. Para que se hagan a una idea de qué tan extraña es la geografía en este punto, estábamos en un punto donde Canadá quedaba al sur y no al norte, como parece siempre.




Después de dar una vuelta y de conseguir un mapa decidimos tomar un bote que nos llevaría a conocer las cataratas más de cerca, el Maid of the mist. Debíamos estar preparados para recibir agua, así que la atracción incluía un poncho para podernos acercar hasta las cataratas. La vista desde abajo es sencillamente impresionante, ya que la caída de agua es muy alta y muy caudalosa.




Después de bajarnos del barco pudimos ascender por un camino hasta llegar muy cerca a la caída. Como el día estaba soleado pudimos apreciar el arcoíris, que se forma cuando la luz del sol ilumina las gotas de agua.

Después de salir decidimos hacer un picnic en un parque desde el que podíamos apreciar el río y secarnos un poco. Cada uno llevaba un poco de mecato, que compartimos entre todos. Después, la sombra y el calorcito hizo que quisiéramos, al más puro estilo de estudiantes trasnochadores, quedarnos dormidos en medio del parque.





Al final de la tarde el grupo se separó en dos. Algunos decidimos ir a una atracción más, la Cave of the Winds, en la que pudimos apreciar más de cerca la caída de las cataratas después de una hora y media de fila. Aún así, lo imponente de la caída de agua y la libertad que se siente en un sitio así valen con creces la espera.







Después de salir de allí no nos quedó tiempo para mucho más. Me vine conversando con Maydel, una compañera cubana que estudia psicología y con la que nos hemos entendido muy bien.


Después de llegar me fui a dormir con un poco de tos más que lo que había vuelto, pero con la satisfacción de haber hecho un gran paseo.


A todos, gracias por leerme. Aprecio muchísimo que a estas alturas del partido tenga tantos amigos que sigan de cerca mis aventuras. ¡Los quiero mucho! Este blog no sería posible sin sus lectores.

Un saludo,

Juan

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