El último fin de semana
Se nos agota el tiempo! Se siente en el hecho de que de vuelta en Bogotá todo el mundo está muy ajetreado enviando correos que contienen programas, tareas y cosas por hacer. Siempre había percibido la primera semana de clases como una semana tranquila, en la que no se hacían muchas cosas ni se estudiaba demasiado. No estoy en Bogotá para describir la situación de una manera adecuada, pero se me ha hecho un poco más difícil empezar este semestre y saber que el mundo se está moviendo sin que yo pueda tomar muchas cartas en el asunto.
Mientras tanto acá seguimos, aprendiendo y conociendo las maravillas que Ithaca tiene para ofrecernos. Uno creería que el último fin de semana habría que disfrutarlo al máximo y pasear por toda la ciudad y conocerlo todo, pero fue más bien un fin de semana muy quieto.
El sábado dormí hasta tarde, desayuné tarde, aproveché para comprar algunos regalos, fui al dairy bar y en general descansé. Hice la pereza necesaria para empezar la última semana con fuerza. Me di cuenta de que el tiempo se estaba agotando lentamente, y el proceso del duelo, aunque sea de un viaje, toma un tiempo.
El domingo sí fue un día un poquito más movido. Me levanté temprano para ver a Santiago, mi compañero de cuarto, que cantaba en el coro de la iglesia con Leidys y Laura. Nunca había ido a una misa en inglés, aunque sí noté que el esquema es básicamente el mismo. Hasta noté cómo se traducen algunos de los pasajes, lo cual fue, cuando menos, muy curioso.
Luego de esto estuvimos una hora entera en el brunch conversando. Creo que ese brunch es uno de los espacios que más voy a extrañar: la comida es muy rica y el ambiente es supremamente agradable.
Al final fuimos al túnel de Ezra, un espacio natural al que fui el primer sábado que vine. Dos meses después, con una temperatura más elevada en el agua, pudimos nadar un rato y disfrutar del verano como tal. Lo que no sabíamos -y no hay ningún símbolo que lo advierta- era que no estaba permitido bajar allí ya que el paso de bajada puede ser peligroso por la caída. Aún así, la oficial de policía no nos multó, pero sí nos pidió que volviéramos para arriba, aunque ya igual habíamos nadado y tenido una buena tarde.
En la noche fuimos a comer a North campus, donde comimos de todo para la comida. Si hay algo que resaltar es que estando en la universidad no hemos pasado hambre, y es posible que yo me lleve unos kilos de vuelta.
De vuelta me fui a dormir pronto: La última semana me estaba esperando.
Gracias a todos por leerme!
Un fuerte abrazo,
Juan
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