Sábado universitario

Hola a todos! Gracias por leer el blog y por estar pendientes de mi viaje. En esta entrada les voy a contar un poco acerca de lo que hice el día sábado, que fue el día en el que fui por Cambridge, Massachussets a dar una vuelta para conocer Harvard y MIT.



Primero que todo, esta entrada va dedicada para Orad, quien fue un gran guía dentro de la universidad de Harvard y muy amablemente me recibió en su laboratorio para mostrarme todo lo que el grupo en el que él trabaja está realizando actualmente.






Para comenzar, después de salir de la casa decidí tomar un bus que me llevara hasta Harvard Square, que es un parque en la zona exterior de la universidad donde la gente suele reunirse y tomar tours. Luego de darle una vuelta y conocerla mediante un tour de alrededor de una hora, pude apreciar muchos de los edificios de la universidad, que no sólo es visualmente muy agradable sino también muy tranquila, aún estando en medio de la ciudad. Muchos de los edificios no me pudieron resultar más parecidos a los de Cornell, aunque el detalle, las columnas gigantes y todas las fachadas son muy imponentes. Es cierto que dentro de la universidad se respira un aire de seriedad académica muy especial, cosa que yo no había sentido nunca en ninguna otra universidad que hubiera conocido antes.






Lo curioso de la llegada no ocurrió al conocer a Harvard sino después, cuando pude encontrarme con Orad. Para contextualizarlos un poco, cuando le escribí a Jin pidiéndole permiso para salir más temprano del laboratorio el viernes, Jin me respondió el correo, no sólo dándome el permiso y deseándome buena suerte, sino sugiriéndome que le escribiera a Chris para que me pusiera en contacto con el laboratorio del profesor Eric Mazur, distinguido por su enseñanza en física y su investigación experimental en física del estado sólido y en óptica ultrarrápida.

Así las cosas, Chris me contactó con Orad, quien es un estudiante doctoral del profesor Mazur. Orad fue supremamente amable conmigo, me recibió en su oficina y conversó conmigo acerca de muchos temas. Miró mi tesis detalladamente, miró los trabajos que he estado haciendo recientemente en el laboratorio, observó todo lo que hemos hecho como capítulo estudiantil con GOA, y conversó conmigo acerca de la vida en Colombia y de lo que significa venir a Estados Unidos a hacer un doctorado. Él mismo, quizás a menor escala (porque es canadiense) lo ha vivido. Me llevó por la sala limpia de la universidad, conocí los cuatro o cinco laboratorios gigantes que tienen con distintos montajes, me mostró todos los equipos, y almorzó también conmigo. Fue una persona tan supremamente querida que con sólo unas horas de conversación casi lo sentía como un amigo cercano.




Luego de salir de ahí fui caminando por toda la avenida Massachussets hasta el MIT, en el que realicé el tour yo solo ayudado por un mapa que encontré en información general y mi celular. Como la cuna de la ingeniería, de las matemáticas y la ciencia, MIT tiene para mí un significado muy especial. Uno de los cursos que más me ha gustado, Ondas y Fluidos, lo aprendí gracias a las clases en video del profesor Walter Lewin, que eran unas verdaderas joyas para el aprendizaje de la física, tanto de una manera teórica como de una manera experimental.








El MIT lo pude recorrer de una manera un poco más tranquila porque sus edificios, a diferencia de los de Harvard, estaban abiertos para que cualquiera pudiera entrar y conocerlos. El uso del internet me permitió mantenerme en contacto con mis amigos y familia y me facilitó también la ubicación dentro de la universidad y la ciudad.

Luego de salir del MIT pasé por una tienda de Apple, ya que la batería del celular estaba poniendo muchos problemas y desde hace rato necesitaba cambiarla. Un trámite que se demora dos semanas en Colombia fue cuestión de media hora acá.

No es Ginebra!




Después de salir, me fui caminando por un parque hasta pasar el río y pasé por el museo de la ciencia, que ya estaba cerrado. Seguí caminando hasta el centro de Boston y en una esquina me encontré un iPhone tirado en el piso. Como buen samaritano, entregué el iPhone en el edificio más cercano, esperando que su dueño lo pudiera encontrar mejor en un lugar fijo que con un turista.



Caminé hasta el Boston Common, un parque que queda en el centro de la ciudad, y de ahí me fui caminando por toda Boylston Street hasta el Fenway Park, el estadio de los Red Sox. Hasta me tomé una selfie con las esculturas de los beisbolistas!

Ya cansado, tomé el metro y... adivinen! Me perdí. Creí que había cogido el sentido contrario, me devolví, y luego me devolví de nuevo para rectificar. Luego de media hora de deambular entre metros, volví sano y salvo a la casa, donde conversé con Jon y con Tichelle, mis compañeros de cuarto. Fueron muy amables conmigo y hasta hablamos de los juegos en los que se rompen patrones mentales.

No es París!

El sábado fue, sin duda, el día que más me gustó de mi viaje. La amabilidad de Orad, la belleza de dos de las universidades que más me han llamado la atención, y la tranquilidad de la ciudad hicieron que el sábado resaltara como un día especial.

Gracias por leerme! Esperen pronto la entrada del domingo!

Un abrazo,

Juan

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