Martes y miércoles

Hola a todos! Sigo con el interés de terminar de una manera juiciosa mi blog. Estoy muy agradecido por todo lo que aprendí durante el viaje, conocimientos que espero perduren en mí y puedan ser útiles para mi desarrollo personal y profesional. 




El martes fue uno de los días más productivos. En muchos aspectos, el trabajo fue de practicar, ensayar, repasar, preparar una gráfica y otra más. También fue un día difícil en el que me sentí muy extraño, un poco desubicado, y un tanto enfermo. Nada me daba, nada me cuadraba, pero a veces esos momentos en los que uno no sabe para dónde ir son los que dan lugar a los momentos de mayor productividad: Después de mucho trabajar, cambiar una cosa por aquí y otra por allá, la presentación iba cogiendo forma pero el discurso no. A eso de las 8 me levanté de mi puesto de trabajo para ir a comer algo.




Volví a ir a Purcell, el único sitio abierto hasta tarde en el verano. Como Anoosha también se había quedado hasta tarde en el trabajo, me acompañó también. En el me encontré también con Germán. Así, estuvimos un rato conversando e hicimos de la comida un rato chévere. Volviendo al dormitorio y conversando con Anoosha me di cuenta de que me dediqué a conocer bien el espacio físico de la universidad, que tiene un Campus muy bonito. Tanto así que de pasada hacia el dormitorio le pude mostrar el piso musical, al lado de la biblioteca Olin, que la profesora Silvia nos mostró al segundo día de llegar.

En la noche, debido a que estaba cansado, no hice mucho más.

El miércoles también fue productivo, pero fue el día en el que me dediqué a montar de una manera disciplinada todo el discurso de mi presentación. La ensayé de una forma, de otra forma, al derecho, al revés, le cambiaba cosas de nuevo hasta que quedé con una presentación y un discurso que me gustaron y con los que me sentí cómodo.










Por la noche, TJ nos invitó a hacer una actividad de Tye-Dye, que es básicamente teñir camisetas dobladas de forma que quedan patrones psicodélicos. Fue toda una experiencia. Al final las tintas se mezclaron, se lavaron, así que yo puedo decir que lo mío no fue Tye-Dye sino dye-dye-dye. Raro como parezca, la camiseta quedó chévere.



Luego nos fuimos a dormir temprano. Sentía muchos nervios por las presentaciones!

Gracias por leer una entrada más! Esperen las últimas entradas pronto!

Un abrazo,

Juan

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